¿Pueden los adultos jugar con un tren eléctrico?

Normalmente a los niños se les regalaba un tren eléctrico entre los 6 y los 10 años de edad. Este tren era la continuación normal a un precursor de madera o de plástico sin motorizar. La idea de tal regalo venía principalmente de sus padres, algunos de los cuales apenas podían esperar a que su hijo alcanzara la edad adecuada. Se han dado casos en los que el niño ha recibido un tren electrico a la temprana edad de 2 años o incluso por su nacimiento, no siendo esta situación tan excepcional. Esto muestra que era irrefrenable el ansioso deseo de los padres por un tren eléctrico, y que pasaba por encima de todas las consideraciones pedagógicas del juguete. El niño aquí era solo una coartada.

Aun hoy parecen valientes aquellos padres que regalan a sus hijas pequeñas un tren eléctrico. Realmente, son muy raras las niñas que tienen un tren en miniatura. Y eso que suele gustarles jugar con el tren. Por esta razón, la verdad es que el modelismo ferroviario es un hobby ideal para disfrutarlo toda la familia.

Con el aumento del tiempo libre, cada vez más y más personas adultas se dedican al modelismo ferroviario y a jugar con el tren eléctrico. Mientras que en el pasado en su mayoría eran ridiculizados y escondían su afición, hoy en día los aficionados al modelismo ferroviario se sienten lo bastante orgullosos de serlo como para mostrar abiertamente su gusto. Han tenido la suficiente imaginación como para ser capaces de pasar de la rutina diaria a un mundo diferente. El modelismo ferroviario puede ser una terapia para la salud, ya que disponiendo de una maqueta ferroviaria en un sótano o en cualquier otro lugar, se olvidan rápidamente las frustraciones del trabajo y las preocupaciones diarias, apareciendo a lo sumo entonces un placentero estrés si es que muchos trenes tienen que circular al mismo tiempo por la maqueta.

Hoy en día muchas personas trabajan en un campo de su profesión estrechamente acotado, en una pequeña parcela de un ámbito mayor. Esto no sucede en la industria menos que en la administración y en el sector servicios. Se trabaja apretujado en un espacio reducido donde hay que tomar decisiones, y donde casi todo está reglamentado. Por lo tanto, desarrollar y poner en marcha iniciativas solo es posible para unos pocos.

Esto lo puede compensar el modelismo ferroviario y proporcionar un abanico creativo de actividades que, en su conjunto, ofrece todas las posibilidades para la creación. Aquí las ideas pueden ser concebidas e implementadas. Se pueden tomar decisiones sin necesidad de autorizaciones superiores. Y lo creado por uno mismo tiene un valor propio para su autor, que no puede ser suficientemente sobreestimado. En estas sensaciones de triunfo es donde se haya la diversión del modelismo ferroviario.

Al principio, los padres pueden cometer el error de querer una iniciación a lo grande. Los niños aprenden jugando, haciendo las cosas ellos mismos, haciendo pruebas y también desmontando cosas. La imaginación de los pequeños hace que un par de piezas de madera sea un tren. Naturalmente, con el paso del tiempo van exigiendo a los juguetes cada vez más, aumentando considerablemente su interés por las cuestiones técnicas. No obstante, no se debe sucumbir a la tentación de iniciarse con el tren eléctrico a lo grande.

Un pequeño circuito de vías con una sencilla locomotora y un par de coches de viajeros y vagones de mercancías son suficiente para inciarse plenamente. Para ello basta un óvalo con una vía de apartadero para maniobras. Al principio basta con agujas manuales. La comprensión técnica solo puede seguir desarrollándose con la continua ampliación de la maqueta. Hay que dejar también a los principiantes la resolución de las dificultades que surjan. Hay que proporcionar solo la ayuda estrictamente necesaria. No todo tiene que estar perfecto al principio.

¿Quién no conoce a esos padres que con orgullo montan para las fiestas de Navidad una maqueta de tren completa, totalmente lista para su hijo? Al pobre chaval solo le queda encender el transformador. No es de extrañar que la ilusión del niño a menudo se desvanezca muy rápidamente y su interés se vuelva hacia otros juguetes. En estos casos es mejor que cada uno tenga su propia maqueta ferroviaria.

Si una solución ideal así en el pasado no siempre fue factible, hoy en día la industria del modelismo ferroviario facilita anchos de vía que permiten amplios circuitos de vía casi sobre cualquier mesa de cocina. El problema del espacio normalmente se puede superar, y por lo tanto se puede cumplir el sueño de disponer de una maqueta fija sobre un tablero. Siempre que se desee, se puede jugar y construir libremente. Entonces, se debe resistir la tentación y dejar que los hijos vivan sus propias experiencias. Si nosotros mismos queremos jugar con un tren, debemos tener el nuestro, ya que actualmente, que un adulto juegue con un tren eléctrico, no está «mal visto».

Fuente: Koll’s Preiskatalog Joachim Koll, 2002